El arte de estar solo.

03:31




Dicen que cuando uno se va haciendo adulto cada vez son más responsables, se hacen cargo de más asuntos y empiezan a controlar todos sus sentimientos y su temperamento. Además, se hacen expertos culinarios y disfrutan tomándose un té mientras ven TV2 (Vale. No nos pasemos.)

El caso es que de todas esas cosas no he conseguido ninguna. Es más, el otro día llegué tarde a clase porque había perdido las llaves y siempre me las cuelgo como si fueran un collar para no perderlas. Efectivamente, como cuando le cuelgas a un perro algo en el cuello para que lo lleve tengo que seguir la misma filosofía conmigo misma. Me motiva el hecho de que si pierdo la llave tengo que pagar 100 euros y que tengo la cabeza en todos los sitios del universo menos en donde tiene que estar y por ende prácticamente a diario desperdicio 10/20 minutos en buscar cosas que pierdo. No quiero ni hacer cuentas de cuántos días habré perdido en mi vida solamente buscando cosas que pierdo.


El hecho es que de todas las cosas que podría estar mejorando en mi maravilloso y turbulento camino hacia la adultez solo hay un hecho que veo que está cambiando en mi. Me gusta salir sola. Dicho así como suena ¿Triste? ¿Decepcionante? Voy a dejaros con una pequeña reflexión que he estado cavilando estos días de frío, lluvia y poco sol.

Creo que en otro post ya hablé un poco sobre esto pero creo que vale la pena profundizar en el tema. Hace un tiempo leí que en la sociedad en la que nos encontramos se ve mal el salir solo. El salir a tomar un café solo, pasear solo, cenar solo. Vale, no voy a deciros que todas las noches me voy a un restaurante italiano a comerme espaguettis a la luz de las velas, pero sí veo necesario y muy satisfactorio el salir, de vez en cuando con nosotros mismos.


Estoy de hablando de una soledad elegida y no impuesta. De tener unas cuantas horas libres antes de cenar y decidir salir a tomar un café o descubrir algun rincón de la ciudad por nuestra propia cuenta. Auriculares en las orejas y unos cuantos kilos de ropa para luchar contra el frío y salir a la calle. Es increíble la de cosas que uno ve cuando no está pendiente de una conversación. La empatía que desarrollamos cuando realmente vemos y no simplemente miramos a la gente que va por la calle.

Ahora mismo está lloviendo, lleva lloviendo desde antes que me despertara y no parece parar ni un momento. He decidido refugiarme en una cafetería con mi ordenador y seguir escribiendo posts para mi otro blog porque esta semana me voy a Polonia y debo adelantar trabajo. Me he pedido un café con un pedazo de pastel y he tenido la suerte de conseguir un sillón. (Suerte la verdad es que no, estuve esperando a que una pobre pareja se levantara para prácticamente tirarme encima del sillón como si de una leona hambrienta con su presa se tratara.) y os puedo prometer que es uno de los momentos que más me relajo y me tranquilizo del día (Los que me conocen saben que la palabra tranquilizar y relajar con están escritas en mi ADN precisamente).

Lo que yo me pregunto es ¿Por qué la gente vemos como algo negativo el salir solos a hacer cosas? ¿Tememos a que extraños nos juzgen y piensen que no tenemos amigos ni familia? ¿Tememos a juzgarnos a nosotros mismos y a dejar espacio a nuestra mente para pensamientos inoportunos?
Sea lo que fuera, creo que es hora de cambiar eso. Propongo a todos vosotros salir unas horas de vuestra zona de confort y coger cualquier momento vago del día para darnos una vuelta, tomarnos un café, conocernos a nosotros mismos...Porque estoy segura que no tenemos ni idea de cómo somos, y eso que llevamos toda la vida intentando conocernos.



 

¿Porqué los hombres rehuyen la soledad? Porque son pocos los que se encuentran en buena compañía consigo mismos. Carlo Dossi 


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