Mis 3 meses (sobre)viviendo en Bruselas.

09:19


Yo creo que nunca me voy a olvidar del día que llegué a Bruselas.
Podéis imaginarme a mi, en mitad de una calle cualquiera con 40kg de peso y sin saber a donde ir (Había una huelga de transporte que rodeaba el centro de Bruselas y el taxi me dejó donde quiso) con las maletas rebotando en el asfalto de piedra y una cara que no se cómo sería, pero hizo que una mujer se me acercara y me dijera ‘¿Necesitas ayuda?’




No sabría como resumir estos tres meses y pico que llevo en la capital de Bélgica porque no sabría ni por dónde empezar, ni cómo seguir ni cómo terminar… Aunque me asombra que tantas cosas hayan pasado en solo tres meses.
No voy a decir lo típico que se dice de que he cambiado como persona o no se qué porque en verdad no, sigo siendo igual de patosa que el primer día, con las mismas pocas ganas de cocinar y aun no me he hecho la cama ni dos mañanas. A quién vamos a engañar. 19 años vividos y aún no se cocinarme un omelette en condiciones. Pero me sorprende el aún no haberme muerto por algún plato que me he cocinado, lo que es bueno.




Pero lo cierto es que algunos pequeños detalles han cambiado en mi interior, pequeñas nuevas manías y placeres como por ejemplo tumbarme en parques a ver las hojas, coger el metro 4 veces al día, salir a la calle a sacar fotos a las 2 de la tarde por miedo a que oscurezca pronto o el hablar todas las mañanas con la mujer de la cafetería de mi universidad, sin aún conseguir decir chausson aux pommes sin parecer estúpida. 




Nunca había vivido en una ciudad grande (Perdón gente de Madrid, Roma, Tokyo, Nueva York o Jupiter para mi Bruselas es una ciudad grande aunque para vosotros sea una minucia. Así es la vida.) al menos si la comparamos con Málaga o Almería, y entonces para mi ver tanta gente junta, tanta actividad, tantos colores y eventos me ha resultado fascinante. 
Nunca antes en mi vida había parado de hacer la compra para ver cómo rodaban un spot de navidad en la calle, había caminado en mitad de una manifestación de cientos de miles de personas para volver a casa, ni me había puesto la mochila por delante por si me robaban.
(Obviamente tampoco nunca había vivido en el epicentro de una amenaza terrorista pero eso mejor dejémoslo para otra ocasión)




Nunca había tenido la ocasión de viajar tanto y de manera tan barata. En estos tres meses, he tenido la suerte de poder ir a Francia, Holanda, Alemania, Austria, Hungría y Eslovaquia y poder retratar a gente de todos sitios… Ah… la fotografía urbana. Hacía ya tiempo que no me fascinaba tanto un aspecto de la fotografía, y al venir aquí a Bruselas he tenido que dejar de lado la fotografía conceptual para empezar a coleccionar caras, movimientos, situaciones y miradas de cientos de extraños que por un momento dejan de serlo para mi.




Y ahora llegan las navidades. Y mi cumpleaños. Y año nuevo. Y un 2016 llenos de nuevas experiencias que tampoco sabré enumerar. Ahora llega el volver a casa por navidad y encariñarse de nuevo con el hogar que dejé hace ya unos años, pero al que siempre me encanta volver. 
Os iba a poner aquí una lista de propósitos para el año nuevo, pero acabo de ver mis uñas totalmente mordidas y he recordado que ese es un propósito que tengo desde 2007. Así que mejor lo dejo estar.




“What I found appealing in life abroad was the inevitable sense of helplessness it would inspire. Equally exciting would be the work involved in overcoming that helplessness. There would be a goal involved, and I liked having goals.”
–David Sedaris, Me Talk Pretty One Day


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